jueves, 30 de septiembre de 2010

Paseando

Cuando salió del hospital comenzó a caminar. Del paseo pasó al paso ligero y del paso ligero al semitrote. Era como si quisiera huir de sí misma. Se perdió entre laberínticas calles de aceras estrechas invadidas por escalones de portal, esquivó varias obras y terminó cruzando una calle peatonal donde todo el mundo la frenaba. Había de todo: ancianos en pareja y solos, con gallatas, muletas o libres, parejas de mediana edad, gente curioseando entre las tiendas, grupos de jóvenes paseando con aire de impertinencia y padres con hijos.
Tardó diez minutos en cruzarla y volvió de nuevo a las aceras estrechas y semidesiertas hasta que llegó a su portal. Subió con paso cansado la escalera, abrió la puerta y, cuando entró y oyó el portazo tras su espalda, cayó en la cuenta de que por más que corras, jamás podrás huir de ti mismo.

3 comentarios:

  1. A la protagonista del relato sólo le costó una carrera darse cuenta de eso, hay quien se pasa toda la vida huyendo de sí mismo y nunca se apercibe de ello...

    Besos

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  2. Vaya, vengo dispuesta a leer dos nuevos posts que aparecen en mis feeds y me encuentro con que han volado... En fin :)

    Besos

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  3. Bueno, estoy pasando una temporada bastante mala. Han venido una serie de cosas muy jodidas y muy seguidas.Intentaré publicar, pero no sé cuanto tardaré.

    Un beso

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