jueves, 30 de septiembre de 2010

Paseando

Cuando salió del hospital comenzó a caminar. Del paseo pasó al paso ligero y del paso ligero al semitrote. Era como si quisiera huir de sí misma. Se perdió entre laberínticas calles de aceras estrechas invadidas por escalones de portal, esquivó varias obras y terminó cruzando una calle peatonal donde todo el mundo la frenaba. Había de todo: ancianos en pareja y solos, con gallatas, muletas o libres, parejas de mediana edad, gente curioseando entre las tiendas, grupos de jóvenes paseando con aire de impertinencia y padres con hijos.
Tardó diez minutos en cruzarla y volvió de nuevo a las aceras estrechas y semidesiertas hasta que llegó a su portal. Subió con paso cansado la escalera, abrió la puerta y, cuando entró y oyó el portazo tras su espalda, cayó en la cuenta de que por más que corras, jamás podrás huir de ti mismo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Lo que no sé, lo imagino

¿Quién no ha querido alguna vez saber lo que están hablando esos dos de la esquina, que parecen tan apasionados? ¿Quién no ha sentido curiosidad cuando oye, de refilón, a dos viejecitas poniendo fina  a la Furgencia?

Y digo yo... ¿para qué saberlo si es mucho más fácil inventarlo? Así surgieron las "conversaciones imaginadas". Que ya de paso, me sirven mucho para crear historias casi a partir de cualquier frase escrita -vamos, que es un ejercicio que me ayuda a escribir mejor-.

La última que me inventé fue al salir dos viejecitas en la televisión, que aparecían ahi porque eran dos primas que habían cumplido, con una diferencia de meses, los 100 años.

Conversación del día del cumpleaños de la última:

- ¿Cuál de las dos crees que la diñara primero, primita?
- Yo no.
- Pues yo tampoco.
- Ya verás como la primera que la diña es la Tomasa.
- ¡Pero si ésa tiene ochenta!
- ¿Y?
- Que sigue casada. Vamos, que el marido aun le vive para cuidarla.
- Pues por eso, por eso, que los maridos matan.
Ambas: ¡Juas juas juas juas juas!

Está bien, está bien, lo reconozco: ando algo mal de la cabeza.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Conclusiones (o más bien cosas que no entiendo)

Antes de nada, explico que he deshabilitado los comentarios de esta entrada porque no es más que una reflexión. Ni pretendo quejarme ni es una especie de pataleta. Es algo que me parece curioso, sin más.

Nunca he sido alguien de excesos. Más allá de mi poca afición al deporte - reconozco que antes del hipotiroidismo iba a todos los sitios andando, pero no salía exclusivamente a andar ni a practicar ningún tipo de actividad deportiva -, no se puede decir que sea alguien que se ha buscado nada.

En mi casa hay cuatro fumadores, aunque mi madre por sí sola basta como ejemplo de por qué no debes coger el tabaco. Siempre juraré y perjuraré que cuando no tiene tabaco o está intentando "desengancharse" se comporta como una yonki que anda desesperada por la dosis del día. Así que decidí casi desde que tengo uso de razón que los cigarrillos serían algo a evitar.

Mi padre es diabético y comía - y todavía sigue, que quien tuvo retuvo - como un animal. Finalmente se volvió diabético, pero a los cuarenta y tantos, después de pasarse media vida entre perolones de judías y pollos enteros. Tanto mi hermana como mi hermano comen como posesos y no se engordan un gramo, ni revelan nada en los análisis. Mi cuñada está delgada, pero engaña, porque cuando se pone come tanto o más que mis hermanos. Y mi cuñado parece un Papa Noel ambulante, que come todo tipo de embutidos y no prueba las verduras, pero parece que a sus cuarenta tacos no le sale ninguna de las enfermedades relacionadas con la obesidad.

Y aqui estoy yo. Que no puedo comer apenas grasas porque me dan ardores de estómago. Que hace años que no soporto el embutido porque para mi gusto lo han amaliciado. Que no me gusta la panceta, que no suelo comer chorizo y que prefiero un plato de ensalada a un plato de lentejas.

Y encima, soy la única a dieta.

En fin, serán misterios del cuerpo humano...

lunes, 6 de septiembre de 2010

Porque no somos dioses (O de qué es lo que pasa cuando subimos a alguien a un altar)

Y es que los seres humanos somos pues eso, humanos. Con nuestros defectos y virtudes. Y al igual que hacemos cosas buenas, podemos meter profundamente la pata. Esto último es más probable cuando, por un hecho en particular, nos elevan a la categoria de héroes y por ende Dioses inmortales. Y nos dan la falsa sensación de que somos los mejores, los más guapos, intocables y perfectos.

Si bien se podrían poner miles de ejemplos, supongo que el ejemplo vivo más fácil se llama Diego Armando  Maradona. Que a pesar de haber caído en la drogadicción, no tener saber estar y conseguir que suba el pan cada vez que abre la boca, sigue teniendo una legión de seguidores que lo defienden a capa y a espada.

El último ejemplo español de lo que puede pasar cuando subes a alguien a un pedestal tiene nombre y apellidos: Jesus Neira. Este archiconocido elemento lleva ya tiempos y tiempos, casi desde que salió del hospital, soltando perlas por su boca.

Entre sus declaraciones más jugosas están la de afirmar que se iba a sacar una licencia de armas y, cuando el señor Antonio Puerta salió en libertad condicional, afirmó, sin ningún tipo de pudor que, y cito textualmente, le gustaría "no ser español, me da asco y vergüenza, me gustaría ser ciudadano de otro país y, desde luego, lo haré".

¿Y qué es lo que hacemos nosotros, los españolitos, cuando un héroe comienza a demostrar que tiene una boca como una dalla? Pues llega Esperanza Aguirre y le da un puesto gubernamental.

Y ahora, que han pillado al pobrecito señor triplicando, según la mayoría de los periódicos, la tasa de alcoholemia y cuya primera defensa es que había tomado licor de café, que no sabía que llevaba alcohol y que interfirió con su medicación - vamos, claramente un "yo no bebí, fueron unos malvados licores los que me emborracharon" - y que estaba muy agradecido porque la policia le hubiera parado en su más que deficiente conducción porque no se sentía bien - si, fijo que estaba feliz de la multa, de la retirada del carné, del futuro juicio y de la posible cárcel, vamos, una alegría... -, ¿qué es lo que hace la gente? Protestar para que lo retiren del cargo público gubernamental.

Y ahora es cuando yo me pregunto: ¿es que nadie se acuerda de que este señor ha ejercido, no sé si sigue ejerciendo y podría volver a ejercer como profesor universitario? ¿Nadie ha pensado que semejante personaje está dando clases a miles y miles de alumnos? Porque yo considero que una persona que se dedica a insultar a todos aquellos que no le bailan el agua, que se dedica a afirmar abiertamente que no quiere ser español, que afirma querer sacarse una licencia de armas y que para colmo conduce bebido, no es un buen ejemplo para la generación universitaria.

No, si al final, va a resultar que siendo como soy, soy más tradicional que toda la derecha rancia de España. Aysss....