miércoles, 30 de septiembre de 2009

La polémica me persigue

Esta tarde necesitaba algunas cosas y salí de mi cuarto - alias, mi refugio atómico - para ir a comprar.

Caminando por callejuelas estrechas, calles cortadas y obras a tutiplén, llegué a la avenida en la que está la entrada del mercado en el que suelo comprar casi todo. Sin más dilaciones, entré.

El mercado estaba como tantas otras tardes: puestos abiertos, puestos a medio abrir, puestos cerrados. Pasillos ocupados, pero menos atestados que una mañana cualquiera, gente que viene, que va, que sale, que espera... en fin, lo normal.

Los puestos se extienden a ambos lados de los pasillos y hay de todo. Fruterías, carnicerías, pollerías... Como yo no soy de mirar mucho y prefiero ir a lo seguro, tengo puestos fijos y me suelo dirigir directa a ellos. Así que en cuanto entré, caminé rápidamente hasta la charcutería.

Al alcanzarla había una señora - a la que a partir de ahora llamaremos "rubia de bote" - despotricando contra Dios y todos los santos en el puesto de en frente, una carnicería, para más señas. Estuve cinco minutos observando por qué era el follón - sin meterme ni hablar, no sea que me lloviera a mí también - y observé por el rabillo del ojo que una mujer mayor se iba disimuladamente, haciendo mutis por la derecha. Supuse que era el objeto de la discusión y me puse a pedir la compra que necesitaba. Qué equivocada estaba...

Cuál es mi sorpresa cuando Rubia de bote, sin previo aviso y tras haberse alejado tres metros, se vuelve y retrocede. Y la emprende.... ¡detrás de la pobre charcutera! Que aguantaba el chaparrón sin abrir la boca.

- ¡MALEDUCADA, QUE ERES UNA MALEDUCADA!

A todas estas, la charcutera y yo calladas. La pobre charcutera mirando con cara de "lo que hay que aguantar" y yo con cara cada vez más irónico - sarcástica. Justo entonces, aparece un tercero, que se para detrás mío para pedir. Tan harto como yo de escuchar a la buena mujer, termina saltando:

- Oiga, señora, que quien trabaja detrás de un mostrador, sabe que hay que hacer más cosas que atender a la gente. Haber pedido cuando tuvo ocasión

- ¡PERO ES QUE ME HA INCREPADO, ME HA INCREPADO! ¡ESTA CHICA, ENCIMA DE NO HACERME NI CASO, ME HA INCREPADO!

Y ante tamaña acusación de Rubia de bote, que ya empezaba a tenerme hasta más allá del bigote con su melodramatismo victimista, terminé por unirme a la trifulca:

- Oiga, señora, que yo no la he llamado. Que ha venido usted solita a gritar. Y solo he oído que gritara usted.

A Rubia de bote se le cambió la cara,

textoalternativo


supongo que pensando durante unos segundos que le había salido el tiro por la culata. Acto seguido, puso expresión de mala, malísima leche (tan mala que parecía cortada) y se largó despotricando, supongo que cagándose ya no solo en los ancestros de la charcutera, sino en los míos propios.

Como no he llegado a conocerlos, no me importó mucho que se cagara. Le dije a la charcutera "el que quiera trato preferencial, que se vaya a comprar a las boutiques".

Terminé de comprar y me fui a casa, pensando lo mismo con lo que titulé el post:

la polémica me persigue

martes, 29 de septiembre de 2009

El baño

En mitad de la noche, un ruido me despertó sobresaltada. Traté de localizarlo y como no se repitió, deduje que algún viandante lo había producido al pasar bajo mi ventana. Como vivo en un primero, esas cosas son normales.

Di media vuelta, tratando de recuperar la estela del sueño perdido y me di cuenta de que una imperiosa necesidad de orinar atenazaba mi vejiga. Sin embargo, estaba taaaaan, tan a gustito en la cama....

Me encogí más y más. Cambié de postura. Me arrebujé tratando de conservar el calor.
Nada servía. Tendría que abandonar el cálido fuerte en el que me encontraba, permitir que el frío suelo taladrase con sus uñas las tiernas plantas de mis pies y aventurarme por el oscuro pasillo hasta el baño.

Me levanté de un salto. Me asomé al pasillo. La oscuridad siempre me había dado miedo y ese día no era una excepción. Empecé a temblar. A sentir escalofríos en mi columna vertebral. A tener ganas de volver corriendo a la cama, taparme hasta la coronilla y no asomar la nariz hasta que se filtraran los rayos del alba.

Pero la vejiga mandaba. Caminé de puntillas, sin prisa pero sin pausa. Me planté frente a la puerta del baño. Extendí la mano y.... al dar al interruptor no surgió nada.

Un susurro inquietante se escucho frente a mi persona, en la ducha. En medio del terror, recordé que la luz de la lámpara estaba fundida. Cambié el dedo de interruptor, lo pulsé.... Y la cálida luz anaranjada iluminó todo.

Lanzando un suspiro de alivio, avancé dos pasos, hasta quedar a la altura del lavabo, y entonces, lo vi. Eso me miraba desafiante desde el borde de la ducha.

No pude aguantar más.

- MAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ

Y mi madre, que es una santa, acudió rauda y presta a mi llamada, asustada, despeinada y con el camisón flotando quedamente entre sus pies. Se asomó, colocó sus manos en las caderas y me dijo:

- ¡So gilipollas, que es la mampara, que la pusieron esta mañana!

Así que meé tranquila y me fui a dormir

jueves, 24 de septiembre de 2009

Maldita informática

Intentando zarcear con el famoso google analytics, me he cargado el blog, todas las entradas y en fin, todo.
He tenido que crear otra cuenta, cambiar la dirección web... bueno, al menos conservo mi nombre.

De todas formas, llevaba ya un tiempecillo sopesando un cambio. ¿Y qué mejor que un cambio extremo y "obligado". Como dice el refranero, de perdidos, al río. Así que a nadar se ha dicho.

Un beso a todos