viernes, 30 de octubre de 2009

Vendetta

No sé si recordaréis que, a principios de mes, colgué un post titulado vivencias en el cual relaté mis aventuras en un foro de vegetarianos y de cómo terminé usando una de sus recetas para un plato de carne. Cuando lo hice, no me imaginaba la que me esperaba.

Su creadora, vegetariana convencida, resultó ser aliada de mi endocrino, el cual a su vez se alió con las enfermeras del hospital al que fui en una clara conspiración vegetariana contra mi persona. Pero vayamos por partes.

Por problemas con el tiroides, cada x tiempo tengo que hacerme revisiones en el especialista "por si acaso". Y en la última revisión salió algo raro. Y cómo no: cosa rara, análisis raros.

Según mi querido doctor (malditos, sois todos unos malditos - sorry Andayita, si lees esto, tú eres una santita,jeje- ) me harían tres "extracciones de sangre". Una al entrar, otra a los veinte minutos y otra más pasados otros veinte minutos. Pero no habría problema porque me pondrían un catéter (y de hecho, lo puso bien clarito en el papelajo que sueltan: colocar catéter)

Bien bien. Pues esta mañana, el maldito endocrino ha leído mi mente y, sabiendo que iba a ir hoy mismito a hacerme la prueba, ha mandado a una de sus enfermeras compinches a la cola a buscarme. Y claro, no le ha costado nada encontrarme.

Me ha sacado de una fila para meterme en otra, llevarme a un mostrador y terminar mareándome hasta tal punto de no saber ni dónde estaba. Entonces han aprovechado para darme las etiquetitas para los botes y me han mandado a la "sala de desangrado profesional". Allí me estaba esperando la enfermera que me sacó de la fila, la enviada del endocrino. ¿Y qué hizo, qué hizo? ¿Ponerme el catéter? Noooooooooooo. Ha cogido una bonita aguja de análisis bien gorda y raaaaaassss, pa´dentro.

Y espérate veinte minutos.

Cuando he vuelto, había otra enfermera. La primera había ido afuera a retener a mi madre para que no pudiese defenderme. Oliéndome el percal, he intentado semi-defenderme y he dicho, tímidamente: oíga, mi médico me dijo que me pondrían catéter

 - ¿Catéter? Anda hija, con lo que duele eso. Te cubican más los tres pinchazos

(A estas alturas la buena mujer ya llevaba un minuto buscándome la vena en el brazo izquierdo - soy zurda, tengo las venas mal y que pase eso significa que o me han jodido o me van a joder - y empezaba a tener serias dudas sobre qué me cubicaría más, si un pinchazo fuerte o 14 "suavecitos", pero aun así, la he dejado hacer y no he dicho más)

Y entonces, previendo que quizá iba a pasar algo malo, muy malo, ha cambiado la aguja gorda de la primera enfermera asesina por una aguja finita, que creo que llaman "mariposa".


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El caso es  que las dos veces que me ha sacado sangre, las dos en el brazo izquierdo, no me han dolido y me he ido feliz y contenta a casa.

¡MUAAAAAAAAAA JAJA JA JAAAAAAA! (Risa malvada de la vegetariana). Lo peor estaba por llegar. Cuando he llegado a casa, me he quitado el algodoncito con el trocito de esparadrapo y.... ¡AHHHHHHHHHH, ME HAN VUELTO NEGRA!

Porque alrededor de estos dos minipinchacitos se me ha hecho un moretón tamaño xxl, que duele que no veas y que se ve a 30 km de distancia (color rojo de un atardecer veraniego).

Bueno - he pensado - podría haber sido peor. El derecho lo llevo bien y además, qué narices, no todo el mundo es capaz de llevar el color de un paisaje en el brazo (el que no se consuela...)

¿Que lo llevo bien, bien he dicho? Conforme han ido pasando las horas, se ha ido acumulando sangre en los tres pinchazos. Al final llevo el izquierdo hecho cisco y el derecho medio morado.

¿Y todo para qué? ¡Para que sepa lo que sufre el pobre animal con mi propio sufrimiento!

¡Ohhhhh, no volveré a comer carne, lo juro, vegetariana vengativa!

(Y una leche. Mañana, pollo asado. ¿Quién se apunta?)

miércoles, 21 de octubre de 2009

Toca música

Y es que hoy me apetece compartir una canción que, si bien no considero una obra de arte, me ha brindado unos cuantos momentos de una risa casi encanada.

La canción se llama "Hazme el amor" y el cantante "Putirecords". Aqui os la dejo.

martes, 13 de octubre de 2009

La máquina suprema (I)

En tierras lejanas, hay un pueblo llamado Lars. Está en medio del desierto y, aparentemente, no tiene ningún tipo de atractivo.

desierto




Sus habitantes son personas normales y aburridas que llevan vidas anodinas, adaptadas a los rigores del tiempo. Es habitual que haya tormentas de arena imprevistas y los días transcurren tan terriblemente abrasadores que cualquier extranjero que pase allí tres días, por blanco que sea, termina de color marrón oscuro. Nadie puede andar por la noche entre sus calles. Hace tanto frío que el agua de las mesillas llega a congelarse y la gente tiene que dormir con un montón de mantas si es que quiere ser consciente de la luz del alba al amanecer del día siguiente.

Es más que probable que Lars sea el último lugar que elegirías para vivir, pero desde el primer momento que lo vi, a mí me encantó. O mejor dicho, me encantaba. Hasta que pasó "el milagro".

Nadie sabe exactamente por qué fue. Hubo una tormenta gordísima. Cayeron varios rayos en un mismo punto y, al levantarnos, apareció eso. El famoso y maldito milagro. Todos quedamos anonadados. Los más supersticiosos en seguida empezaron a hablar de "la furia de los dioses" y junto a ellos, las personas más incautas pronto empezaron a seguirles y a caer en grandes misas que, a parte de armar mucho jolgorio, no conseguían nada. Hubo algunos suicidios en masa (no muchos, dos o tres familias lo suficientemente locas como para llevarlos a cabo), varios intentos de sacrificios humanos que no llegaron a nada (que para algo tenemos a la policía) y algunos que optaron por el "autocastigo" e iban por las calles como almas en pena, látigo en mano y espalda flagelada. Pero a pesar de todo esto, el milagro seguía ahí y nadie se atrevía a acercarse a comprobar qué era. Ni siquiera aquellos portavoces de la furia de los dioses, que, teóricamente estarían protegidos, osaban acercarse a la fuente del "poder".

rayo


Personalmente, a mí me corroía la curiosidad. En la lejanía era un espectáculo bello y pensaba que habría de haber alguna razón para semejante proeza natural. Sin embargo, bajo mi punto de vista, que algo fuera explicable no implicaba que no fuera peligroso. Y eso me mantenía atado firmemente a una distancia prudencial. Claro, que no todo el mundo era tan parado como yo. No todo el mundo tenía los mismos miedos ni estimaba el posible peligro del mismo modo. Pronto llegaron gentes de lugares remotos, de los que apenas habíamos oído hablar, armando alboroto y mostrando gigantescas máquinas que nadie sabía para que servían salvo para asustar y hacer ruído. Estuvieron quince días repartidos entre nosotros, viviendo como reyes y tratados como auténticas figuras políticas, hasta que pasó la novedad de su llegada. Entonces, recordaron para qué habían acudido a Lars y reemprendieron el camino. Maldita la gracia que cometieron.

Pero no he dicho qué querían investigar, claro. No he explicado en qué consistia el puñetero milagro. Bien. Durante esa famosa y tormentosa noche, todo el pueblo observó boquiabierto como un inmenso rayo caía varias veces seguídas en la cima de una montaña cercana. Nadie le dio mucha más importancia. Se asomaron, observaron atónitos el fenómeno y los más impresionables cerraron inmediatamente todas las ventanas de su casa, si acaso pasaba lo mismo en su tejado. Nadie comentó nada, ni se produjeron conversaciones entre ventanas. Nadie corrió a casa del vecino para avisar. Fue todo muy de Lars. Muy de todo el mundo a lo suyo. Tras eso, la gente se metió en la cama y fue al día siguiente cuando se dio rienda suelta a la rumorología.

CONTINUARÁ...

jueves, 8 de octubre de 2009

Vivencias

Hay días y días. Días cotidianos, en los que apenas pasa nada (por no decir que son totalmente normales y anodinos, sin sal, pimienta ni nada que se le parezca). Días medianamente interesantes, en los que pasa algo que anima el cotarro. Y por último, días en los que se juntan una serie de circunstancias, que por A o por B (sea A o B, generalmente son pequeñas tonterías), hacen que te rías un buen rato. El día en el que me voy a centrar, es uno de estos últimos descritos.

Estaba tranquilamente en mi Refugio atómico (ya quedamos en que cuando diga eso, me refiero a mi cuarto, ¿verdad?) cuando se abre la puerta y aparece mi padre.

- Oscura, ¿tú no tenías otitis?

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- ¿Qué?
- Sí, hombre, otitis
(Pongamos orden)
- A ver, ¿para qué sirve la otitis?
- Eso que pega todo
- ¡¡¡¡¡Joooooooooooooooooooooooooood*!!!!! ¡Loctite!

Así que se lo di y tan felices los dos.

Esa misma mañana, decidí que era hora de innovar. Así que buscando en "san google", encontré una receta de salsa de yogurt relativamente fácil de hacer. Ni corta ni perezosa, la apunté, me puse el delantal y de cocinillas.
La usé en las pechugas a la plancha que tenía para comer y, como me gustó el invento, por la tarde decidí volver a la página a mirar más recetas.

Me da por mirar los comentarios de la primera receta que puse....

Y resultó que era una página por y para vegetarianos. Ponían verde a todo bicho viviente que comiera carne.

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¡¡¡¡Ahhhhhhh, colgadme, soy una horrible pecadora, usé la salsa para la carne!!!! - Y qué buena me supo, carajo

Me hizo especialmente gracia una de las defensas. "Ponle a un niño un conejito vivo y una manzana, a ver qué se come. Eso demuestra que es más sano y que nuestro instinto no es ser carnívoros".

Me parece muy respetable que quieras ser vegetaliana. Es una elección personal, pero... ¿ese ejemplo para justificarlo? Cambiemos elementos. Ponle a un niño un platito de acelgas cocidas y una tableta de chocolate. A ver a dónde tira el 90%.....

Ese mismo día, por la tarde....

Estoy hablando con mi novia.

- Ey, oscura, ¿cómo te ha ido el día?
- Bien, como todos, presupongo
- ¿Qué tal la comida?
- Bien, comí dos pechugas y dos peras.
- ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, novia infiel, ya no te ajunto más!

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¿Quién es capaz de entender a esta mujer?

A la hora de cenar, volvió de nuevo el "ataque de mi padre". Esta vez dijo que había comprado kiwis. Y que estaban muy buenos. Todo parecía normal.... Hasta que los sacó para enseñárselos a mi hermana.

Padre - ¿Ves? Son buenos
Hermana - Ehm.... eso no son kiwis.... son kakis
Oscura - ¡Cuidado, que se los come mi hermana, pégalos con el "otitis"!

Y ya de noche, me fui a dormir feliz de que no hubiera pasado nada más. Que no hay dos sin tres, tres sin cuatro y cuatro sin cinco pero.... me equivocaba.

En la cama, acurrucada, escuché truenos. No me asustan las tormentas, así que me encogí más y seguí acunándome en el sueño, profundizando cada vez más en los mundos de Morfeo y relegando a un segundo plano el sonido de la tormenta.

Cuando ya llevaba una hora o así en esa especie de sopor apagado.... empiezo a oir golpes.

- ¡Recojan una pareja de cada animal y súbanlos al arca, el agua ya me llega a los tob....! ¿Ein? ¿Diluvio? ¿Tobillos? Entonces me vi sentada encima de la cama. El agua entraba por la ventana abierta y me mojaba los pies. Me levanté, cerré la ventana y corrí como alma que lleva el diablo a cerrar el resto de las ventanas de la casa.
Pensando que ya no podía pasar nada más, coloqué bien el sillón y me disponía a volver a la cama cuando me encontré a mi madre en la puerta del salón.

- Cae bien, ¿eh?
- Sí, pero toda la parte de dentro ya la he cerrado
- Vale
- Vale

Y cuando ya estaba en mi cuarto, empezando a coger el sueño, oigo

- ¡¿LAS TRES Y TREINTA Y DOS Y TODAVÍA LEVANTADA?!

¿Pero qué dice esta mujer?

- ¡Coñ*, que llevo una hora durmiendo!
- Uy.... (la la laaaaaaa) Hasta mañana...

Pasé el resto de la noche tranquila. Y esta mañana, al levantarme he decidido que intentaré que hoy sea un día "normal". De esos sosos sosos... pero tranquilos.

lunes, 5 de octubre de 2009

ODA AL ABATIMIENTO (Urgencias)


Largo camino. Larga espera. Salas de deshumanización. Habitaciones en penumbra. Despojos humanos esparcidos por paredes. Invasión de camillas. Parking de sillas de ruedas. Evocación al abandono. Explicaciones desconexas. Ambiente positivo entre colegas. Bromas. Canciones de móviles tras cada esquina. Pasillos desbordados. Salas de espera abarrotadas. Egoísmo. Hambre. Sueño. Agonía. Dolor. Aburrimiento. Indignación. Conversaciones inocuas. Alianzas extrañas.


¿No deberían, quizá, dejarse de palabrerías y organizar los hospitales un poquito mejor? Al pueblo llano siempre pan (cuando se acuerdan), circo (tapaderas), paz (para misiones militarizadas con pistola en mano y actitud "humanitaria") y después gloria (para el bolsillo que toque, eso sí).

Y por mucho que me duela, he de decirlo: País de pandereta. Políticos de paja. Justicia de plastilina.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La polémica me persigue

Esta tarde necesitaba algunas cosas y salí de mi cuarto - alias, mi refugio atómico - para ir a comprar.

Caminando por callejuelas estrechas, calles cortadas y obras a tutiplén, llegué a la avenida en la que está la entrada del mercado en el que suelo comprar casi todo. Sin más dilaciones, entré.

El mercado estaba como tantas otras tardes: puestos abiertos, puestos a medio abrir, puestos cerrados. Pasillos ocupados, pero menos atestados que una mañana cualquiera, gente que viene, que va, que sale, que espera... en fin, lo normal.

Los puestos se extienden a ambos lados de los pasillos y hay de todo. Fruterías, carnicerías, pollerías... Como yo no soy de mirar mucho y prefiero ir a lo seguro, tengo puestos fijos y me suelo dirigir directa a ellos. Así que en cuanto entré, caminé rápidamente hasta la charcutería.

Al alcanzarla había una señora - a la que a partir de ahora llamaremos "rubia de bote" - despotricando contra Dios y todos los santos en el puesto de en frente, una carnicería, para más señas. Estuve cinco minutos observando por qué era el follón - sin meterme ni hablar, no sea que me lloviera a mí también - y observé por el rabillo del ojo que una mujer mayor se iba disimuladamente, haciendo mutis por la derecha. Supuse que era el objeto de la discusión y me puse a pedir la compra que necesitaba. Qué equivocada estaba...

Cuál es mi sorpresa cuando Rubia de bote, sin previo aviso y tras haberse alejado tres metros, se vuelve y retrocede. Y la emprende.... ¡detrás de la pobre charcutera! Que aguantaba el chaparrón sin abrir la boca.

- ¡MALEDUCADA, QUE ERES UNA MALEDUCADA!

A todas estas, la charcutera y yo calladas. La pobre charcutera mirando con cara de "lo que hay que aguantar" y yo con cara cada vez más irónico - sarcástica. Justo entonces, aparece un tercero, que se para detrás mío para pedir. Tan harto como yo de escuchar a la buena mujer, termina saltando:

- Oiga, señora, que quien trabaja detrás de un mostrador, sabe que hay que hacer más cosas que atender a la gente. Haber pedido cuando tuvo ocasión

- ¡PERO ES QUE ME HA INCREPADO, ME HA INCREPADO! ¡ESTA CHICA, ENCIMA DE NO HACERME NI CASO, ME HA INCREPADO!

Y ante tamaña acusación de Rubia de bote, que ya empezaba a tenerme hasta más allá del bigote con su melodramatismo victimista, terminé por unirme a la trifulca:

- Oiga, señora, que yo no la he llamado. Que ha venido usted solita a gritar. Y solo he oído que gritara usted.

A Rubia de bote se le cambió la cara,

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supongo que pensando durante unos segundos que le había salido el tiro por la culata. Acto seguido, puso expresión de mala, malísima leche (tan mala que parecía cortada) y se largó despotricando, supongo que cagándose ya no solo en los ancestros de la charcutera, sino en los míos propios.

Como no he llegado a conocerlos, no me importó mucho que se cagara. Le dije a la charcutera "el que quiera trato preferencial, que se vaya a comprar a las boutiques".

Terminé de comprar y me fui a casa, pensando lo mismo con lo que titulé el post:

la polémica me persigue

martes, 29 de septiembre de 2009

El baño

En mitad de la noche, un ruido me despertó sobresaltada. Traté de localizarlo y como no se repitió, deduje que algún viandante lo había producido al pasar bajo mi ventana. Como vivo en un primero, esas cosas son normales.

Di media vuelta, tratando de recuperar la estela del sueño perdido y me di cuenta de que una imperiosa necesidad de orinar atenazaba mi vejiga. Sin embargo, estaba taaaaan, tan a gustito en la cama....

Me encogí más y más. Cambié de postura. Me arrebujé tratando de conservar el calor.
Nada servía. Tendría que abandonar el cálido fuerte en el que me encontraba, permitir que el frío suelo taladrase con sus uñas las tiernas plantas de mis pies y aventurarme por el oscuro pasillo hasta el baño.

Me levanté de un salto. Me asomé al pasillo. La oscuridad siempre me había dado miedo y ese día no era una excepción. Empecé a temblar. A sentir escalofríos en mi columna vertebral. A tener ganas de volver corriendo a la cama, taparme hasta la coronilla y no asomar la nariz hasta que se filtraran los rayos del alba.

Pero la vejiga mandaba. Caminé de puntillas, sin prisa pero sin pausa. Me planté frente a la puerta del baño. Extendí la mano y.... al dar al interruptor no surgió nada.

Un susurro inquietante se escucho frente a mi persona, en la ducha. En medio del terror, recordé que la luz de la lámpara estaba fundida. Cambié el dedo de interruptor, lo pulsé.... Y la cálida luz anaranjada iluminó todo.

Lanzando un suspiro de alivio, avancé dos pasos, hasta quedar a la altura del lavabo, y entonces, lo vi. Eso me miraba desafiante desde el borde de la ducha.

No pude aguantar más.

- MAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ

Y mi madre, que es una santa, acudió rauda y presta a mi llamada, asustada, despeinada y con el camisón flotando quedamente entre sus pies. Se asomó, colocó sus manos en las caderas y me dijo:

- ¡So gilipollas, que es la mampara, que la pusieron esta mañana!

Así que meé tranquila y me fui a dormir

jueves, 24 de septiembre de 2009

Maldita informática

Intentando zarcear con el famoso google analytics, me he cargado el blog, todas las entradas y en fin, todo.
He tenido que crear otra cuenta, cambiar la dirección web... bueno, al menos conservo mi nombre.

De todas formas, llevaba ya un tiempecillo sopesando un cambio. ¿Y qué mejor que un cambio extremo y "obligado". Como dice el refranero, de perdidos, al río. Así que a nadar se ha dicho.

Un beso a todos