viernes, 17 de diciembre de 2010

De mudanza

Cambio de blog. La dirección del nuevo, que sigue ligada a esta cuenta, es:

Cartas a la Oscuridad

jueves, 30 de septiembre de 2010

Paseando

Cuando salió del hospital comenzó a caminar. Del paseo pasó al paso ligero y del paso ligero al semitrote. Era como si quisiera huir de sí misma. Se perdió entre laberínticas calles de aceras estrechas invadidas por escalones de portal, esquivó varias obras y terminó cruzando una calle peatonal donde todo el mundo la frenaba. Había de todo: ancianos en pareja y solos, con gallatas, muletas o libres, parejas de mediana edad, gente curioseando entre las tiendas, grupos de jóvenes paseando con aire de impertinencia y padres con hijos.
Tardó diez minutos en cruzarla y volvió de nuevo a las aceras estrechas y semidesiertas hasta que llegó a su portal. Subió con paso cansado la escalera, abrió la puerta y, cuando entró y oyó el portazo tras su espalda, cayó en la cuenta de que por más que corras, jamás podrás huir de ti mismo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Lo que no sé, lo imagino

¿Quién no ha querido alguna vez saber lo que están hablando esos dos de la esquina, que parecen tan apasionados? ¿Quién no ha sentido curiosidad cuando oye, de refilón, a dos viejecitas poniendo fina  a la Furgencia?

Y digo yo... ¿para qué saberlo si es mucho más fácil inventarlo? Así surgieron las "conversaciones imaginadas". Que ya de paso, me sirven mucho para crear historias casi a partir de cualquier frase escrita -vamos, que es un ejercicio que me ayuda a escribir mejor-.

La última que me inventé fue al salir dos viejecitas en la televisión, que aparecían ahi porque eran dos primas que habían cumplido, con una diferencia de meses, los 100 años.

Conversación del día del cumpleaños de la última:

- ¿Cuál de las dos crees que la diñara primero, primita?
- Yo no.
- Pues yo tampoco.
- Ya verás como la primera que la diña es la Tomasa.
- ¡Pero si ésa tiene ochenta!
- ¿Y?
- Que sigue casada. Vamos, que el marido aun le vive para cuidarla.
- Pues por eso, por eso, que los maridos matan.
Ambas: ¡Juas juas juas juas juas!

Está bien, está bien, lo reconozco: ando algo mal de la cabeza.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Conclusiones (o más bien cosas que no entiendo)

Antes de nada, explico que he deshabilitado los comentarios de esta entrada porque no es más que una reflexión. Ni pretendo quejarme ni es una especie de pataleta. Es algo que me parece curioso, sin más.

Nunca he sido alguien de excesos. Más allá de mi poca afición al deporte - reconozco que antes del hipotiroidismo iba a todos los sitios andando, pero no salía exclusivamente a andar ni a practicar ningún tipo de actividad deportiva -, no se puede decir que sea alguien que se ha buscado nada.

En mi casa hay cuatro fumadores, aunque mi madre por sí sola basta como ejemplo de por qué no debes coger el tabaco. Siempre juraré y perjuraré que cuando no tiene tabaco o está intentando "desengancharse" se comporta como una yonki que anda desesperada por la dosis del día. Así que decidí casi desde que tengo uso de razón que los cigarrillos serían algo a evitar.

Mi padre es diabético y comía - y todavía sigue, que quien tuvo retuvo - como un animal. Finalmente se volvió diabético, pero a los cuarenta y tantos, después de pasarse media vida entre perolones de judías y pollos enteros. Tanto mi hermana como mi hermano comen como posesos y no se engordan un gramo, ni revelan nada en los análisis. Mi cuñada está delgada, pero engaña, porque cuando se pone come tanto o más que mis hermanos. Y mi cuñado parece un Papa Noel ambulante, que come todo tipo de embutidos y no prueba las verduras, pero parece que a sus cuarenta tacos no le sale ninguna de las enfermedades relacionadas con la obesidad.

Y aqui estoy yo. Que no puedo comer apenas grasas porque me dan ardores de estómago. Que hace años que no soporto el embutido porque para mi gusto lo han amaliciado. Que no me gusta la panceta, que no suelo comer chorizo y que prefiero un plato de ensalada a un plato de lentejas.

Y encima, soy la única a dieta.

En fin, serán misterios del cuerpo humano...

lunes, 6 de septiembre de 2010

Porque no somos dioses (O de qué es lo que pasa cuando subimos a alguien a un altar)

Y es que los seres humanos somos pues eso, humanos. Con nuestros defectos y virtudes. Y al igual que hacemos cosas buenas, podemos meter profundamente la pata. Esto último es más probable cuando, por un hecho en particular, nos elevan a la categoria de héroes y por ende Dioses inmortales. Y nos dan la falsa sensación de que somos los mejores, los más guapos, intocables y perfectos.

Si bien se podrían poner miles de ejemplos, supongo que el ejemplo vivo más fácil se llama Diego Armando  Maradona. Que a pesar de haber caído en la drogadicción, no tener saber estar y conseguir que suba el pan cada vez que abre la boca, sigue teniendo una legión de seguidores que lo defienden a capa y a espada.

El último ejemplo español de lo que puede pasar cuando subes a alguien a un pedestal tiene nombre y apellidos: Jesus Neira. Este archiconocido elemento lleva ya tiempos y tiempos, casi desde que salió del hospital, soltando perlas por su boca.

Entre sus declaraciones más jugosas están la de afirmar que se iba a sacar una licencia de armas y, cuando el señor Antonio Puerta salió en libertad condicional, afirmó, sin ningún tipo de pudor que, y cito textualmente, le gustaría "no ser español, me da asco y vergüenza, me gustaría ser ciudadano de otro país y, desde luego, lo haré".

¿Y qué es lo que hacemos nosotros, los españolitos, cuando un héroe comienza a demostrar que tiene una boca como una dalla? Pues llega Esperanza Aguirre y le da un puesto gubernamental.

Y ahora, que han pillado al pobrecito señor triplicando, según la mayoría de los periódicos, la tasa de alcoholemia y cuya primera defensa es que había tomado licor de café, que no sabía que llevaba alcohol y que interfirió con su medicación - vamos, claramente un "yo no bebí, fueron unos malvados licores los que me emborracharon" - y que estaba muy agradecido porque la policia le hubiera parado en su más que deficiente conducción porque no se sentía bien - si, fijo que estaba feliz de la multa, de la retirada del carné, del futuro juicio y de la posible cárcel, vamos, una alegría... -, ¿qué es lo que hace la gente? Protestar para que lo retiren del cargo público gubernamental.

Y ahora es cuando yo me pregunto: ¿es que nadie se acuerda de que este señor ha ejercido, no sé si sigue ejerciendo y podría volver a ejercer como profesor universitario? ¿Nadie ha pensado que semejante personaje está dando clases a miles y miles de alumnos? Porque yo considero que una persona que se dedica a insultar a todos aquellos que no le bailan el agua, que se dedica a afirmar abiertamente que no quiere ser español, que afirma querer sacarse una licencia de armas y que para colmo conduce bebido, no es un buen ejemplo para la generación universitaria.

No, si al final, va a resultar que siendo como soy, soy más tradicional que toda la derecha rancia de España. Aysss....

lunes, 30 de agosto de 2010

Tip tap, tip tap.

Su corazón parecía latir fuerte, pero le dolía el pecho.

Tip tap, tip tap, tip tap.

Se palpó cuidadosamente la zona izquierda, esperando un súbito estallido de dolor que le atenazara el brazo izquierdo y terminara con su vida en diez piadosos segundos. Pero nada de eso paso. Volvió a ponerse los dedos en el cuello.

Tip tap, tip tap.

Todo parecía ir bien. ¿Por qué le dolía?

Se palpó de nuevo el pecho y pareció convencerse de que de momento no iba a pasar nada. Examinó sus ojeras en el espejo, se lavo la cara y los dientes, se peino como siempre, desayunó y se fue a trabajar.

Esa noche volvió a notar el dolor.

Tip tap, tip tap. Tip tap, tip tap.

Su corazón seguía latiendo, pero lo notaba raro. ¿Sería ahora cuando le diera? ¿Sería en ese instante cuando sus arterías dirían definitivamente basta?

Tumbado en la cama, se palpaba el pecho por encima del pijama.

Tip tap. Decía su corazón. Tip tap.

Así pasó una semana, mirándose en el espejo atónito, palpándose inconscientemente el pecho cada cinco minutos. Sin dormir ni apenas comer.

Hasta que al fin, una luz se encendió en el fondo de su cerebro y lo comprendió:

Le habían roto el corazón

viernes, 25 de junio de 2010

Los trastornos del amor

- Me gustas. Me gustas cada vez un poco más - Me explicaba, sujetando temblorosamente un cigarrillo entre sus dedos. Detalle este harto sorprendente para mí, que nunca jamás la había visto fumar - Pero no es algo que debiera decirte.

Quise preguntar que por qué no. Contarle que el amor es libre. Casi tanto como el capricho. Pero me quedé k.o. Solo pude mirarla con expresión impactada y eso fue todo. Mis labios permanecían pegados. Mis cuerdas vocales enredadas.

- Mejor así. Mejor que no digas nada. Las dos sabemos que ésto no es conveniente.

Y efectivamente, no lo era. Teníamos carácteres opuestos y modos de vida muy distintos. Ella era divertida y fantasiosa. Yo una estable rutinaria. Ella se dedicaba a los deportes de riesgo. Yo... Bueno, jugaba con mis "amigos". Pálida, intenté volver a hablar, y esta vez lo conseguí.

- M-mira, C-cris - Hice un visible esfuerzo por afianzar mi voz - No es que yo no quiera... Es que no puedo.

No dijo nada, creo que me comprendió. Cogió la puerta y se fue. Volví a quedarme sola. Sola en mis aposentos, en mis pertenencias. Sola para repartir todo mi tiempo y beberme el sobrante en pequeños tragos de aburrimiento hasta embriagarme y sacudirme entre temblores del alma. Despotricar contra el mundo. Querer destrozar los espejos que devuelven el reflejo de mi rostro abotargado por la nostalgia. Odiar a todo y a todos pero, sobretodo, odiarme a mí.

Y así pasaron tres días. Tres días de autocompasión continuada. Al cuarto no lo soporté y fui a buscarla. Llamé a su casa. Dije que era yo, me abrió. Así de fácil. Así de simpe. Y cuando subí... me quedé sin palabras. Fueron pasando los segundos, los minutos. El tic-tac del reloj aumentaba mis nervios, reverberaba en mi mente.

- Bueno, ¿qué te trae por aqui? - Preguntó Cris al quinto minuto de mudez obligada. Y antes de darme cuenta... la besé. Para cuando me paré a analizarlo todo, era ya tarde. Éramos pareja. Estaba feliz. Ella también. Pero... pero estaba el asunto de por medio.

Cris quería que la acompañara los sábados a hacer deporte. Yo los necesitaba para mis hobbys, para descargarme. Hasta que un fin de semana ocurrió lo inevitable. Llamó cuando estaba en plena faena... Y las pasé putas.

Estaba afilando un cuchillo. Mi amigo de esa noche, Julian Valverde, me miraba con ojos suplicantes. "Ya no más", parecía decir. Pero me estaba divirtiendo. Todavía tenía noche por delante. Y entonces empezó a sonar el móvil. "Cris", ponía en la parpadeante pantalla. Así que salí y no se me ocurrió otra cosa que poner la música del coche a todo volumen. Fingí salir de algún lado, le dije que estaba tomando unas copas y que volvería en una hora. Me dijo que se aburría. Le dije que si no podía aguantar. Me dijo que me necesitaba. Me deshice por dentro. Le dije que tardaría en ir lo que me costara pagar y salir.

Julian tuvo suerte. Le corté el cuello sin más dilaciones, recogí todo, coloqué varias piedras pesadas atadas a las piernas y la cabeza del maltrecho cadáver y lo tiré al primer río que me crucé en mi camino.

Esto estaba mal, muy mal. No podía decirle que era una asesina porque me dejaría. Y tampoco podía dejar de asesinar porque me volvería loca. Pero lo que menos podía permitirme era actuar con semejante descuido. Las cárceles estaban llenas de gente que cometió un error por despistarse, por correr. Y éso es lo que estaba haciendo ahora: ir deprisa, corriendo y mal.

No. Tenía que pensar una solución. Y pronto.